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lunes, 14 de marzo de 2016

Algún día. 14-03-16

Hoy es 14 de marzo de 2016. Hace exactos 6 meses y tres días que no te veo. Estoy sentada en mi cuarto, con todo apagado salvo las luces de colores que compraste para nuestra última navidad juntos. Sentada sobre la cama marinera de Candela, si tendremos recuerdos aquí. Estoy envuelta en la sábana verde, corrijo, en la frazada verde, ya sé que siempre me dijiste que la nombraba mal. Cada noche que duermo en esta cama sueño con volverte a ver en la puerta del cuarto diciéndome si podías ver la tele con nosotras, lo que daría por una noche más viendo algún programa sin sentido con vos, escuchándote roncar a los dos minutos, e intentando despertarte luego de unas horas porque se hacia tarde. Lo que daría por verte.
Sé que me pongo repetitiva cada vez que subo una nota al blog. Sé que no escribo nunca. Es que siempre tengo la necesidad de escribir sobre vos, o hacia vos, aunque tengo muy claro que nunca vas a leerme. Nunca.
Es horrible esta soledad que padezco desde que te fuiste, siento que hay días que el peso se aminora de a poco y no duele tanto, pero cuando no me doy cuenta me golpea de nuevo la pena y desesperanza, la desesperación y me mata.
Todos los días me levanto y empiezo a hacer cosas de manera incierta. Es decir, sin tener demasiada conciencia de porque hago lo que hago. Pero a lo largo del día todo se resume a vos. No es que quiera echarte culpa de nada, ni quiera hacerte sentir mal. Es que trabajo mucho porque vos no estás acá para ayudar. Estoy aprendiendo a manejar porque vos no estás acá para hacerlo. Empiezo de nuevo un año universitario porque sé que te lo debo. Sí, todas esas cosas de una manera u otra me benefician pero no quiere decir que no las haga por vos.
Se acerca mi cumpleaños, ya casi tengo 20. Y es el primer cumpleaños en el que vos no vas a estar, y tengo miedo de quebrarme frente a todos. Al principio no quería festejarlo porque no le encontraba mucho sentido a festejar algo si vos no estás conmigo al hacerlo. Pero después supongo que me di cuenta que no quiero estar sola. A la vez lo único que quiero hacer es tirarme en mi cama, ponerme en posición fetal y llorar hasta quedar seca. Hasta deshidratarme. No sería la primera vez.
Intento todos los días no pensar en tus últimos días, en esa semana. Pero cada vez tengo que esforzarme más y más para no hacerlo. Porque me pescan desprevenida los recuerdos y no puedo controlar la tristeza que me inunda. Me sucede muy a menudo en los colectivos, supongo que es porque no puedo distraerme con nada mientras viajo, y usualmente viajo sola, asique estoy yo y mis pensamientos nomas. Creo que son incontables las veces que he llorado en el bondi. Se me escapa y no puedo pararlo.
A veces no me doy cuenta de la pérdida que tuve, no mido la magnitud de la situación. Porque el resto tampoco lo nota creo yo. Fue muy grave lo que me pasó, lo que le pasó a él. Él se fue, él murió. Pero yo sigo viva, y tengo que vivir con su ausencia, y con los recuerdos, con las promesas que nunca van a concretar. Yo sigo viva, pero una parte en mi murió para siempre, y nada va a lograr llenar ese vació que tengo adentro. Estoy rota y no sé qué hacer porque sé que esa es una herida que nunca voy a curar. Sí, sé que eventualmente no va a doler tanto, pero nunca se va a cerrar. Son cosas que no se “superan”, no se “asimila”, no se cura, sólo tenés que vivir con ella por más duro que sea. Y creeme es terriblemente duro. Tan feo que hay veces que no sé cómo hago para seguir adelante. Como hace mamá para seguir adelante.
Sufro en silencio tu ausencia, y es que a quién se lo voy a contar, con quién puedo hablar de mi dolor, de esta vida sin sentido que llevo desde que te fuiste. Y no es que quiera ser dramática, pero repito como ya he dicho en otras ocasiones. Nada, absolutamente nada vale la pena si no estás vos. Supongo que con el tiempo las cosas volverán a sentirse mejor, no puedo decir a sentirse “normal” porque ya nada lo es, y es una palabra demasiado relativa. Lo normal para mí era estar con vos. Charlar con vos, ver carreras con vos, trabajar con vos. Vivir con vos.
He llegado a la conclusión de que no tengo más hogar. El hogar que antes suponía mío era nuestra casa, pero de nuevo está contaminada por tu ausencia, como todo. Ahora son 4 platos para la mesa, 4 vasos, 4 cubiertos, ya no más 5. Son menos lugares en la mesa, menos lugares en la cama. Menos todo. Me di cuenta que antes, dentro de toda la mierda que vivimos por dos años con tu enfermedad, si bien vivía con la incertidumbre no saber cuánto te quedaba de tiempo, vivía “tranquila” entre comillas, porque sabía que era muy probable que aunque yo me fuera a la facultad, vos ibas a estar cuando yo volviese, y si yo me iba a dormir a lo de una amiga, si volvía a casa vos ibas a estar ahí. Sabía que a donde fuera, vos estabas a una llamada de distancia. Pero ya no. Ahora sé que no tengo que preocuparme por saber si vas a estar o no. Porque sé que no vas a estar. Salgo de casa y sé que cuando vuelva todo seguirá igual, y vos vas a seguir sin volver. Caigo en la conclusión de que vos eras mi hogar.
El 11 se cumplieron 6 meses, y no todavía no puedo entender cómo es que pasó tanto tiempo, medio año. Parece como si hubieses desaparecido hace dos días y la verdad es otra. Siento como si fuese ayer cuando te cantaba en el hospital, vos dormido, muriéndote, y yo llorando y cantándote al lado de tu cama. Y sí, lo digo así de crudo porque es la realidad, y porque es así como lo recuerdo, no puedo omitir la palabra muerte y sus derivados cada vez que pienso en vos. Creo que recuerdo más esos dos días que estuve en el hospital más que nuestros días felices porque fueron tus últimos. Y porque a pesar de que eran los últimos, yo estaba feliz de al menos tenerte un tiempo más. Egoísta de mí, no me importaba que siguieras en el hospital, yo solo quería tenerte.

Si supieras cuánto sufro que no estés más, cuánto te extraño, cuánto te necesito, de verdad lo hago. Te amé infinitamente y nunca voy a dejar de hacerlo. Así como nunca voy a dejar de necesitarte y extrañarte. Lo hago tanto que duele hasta físicamente, siento como mi corazón se rompe cada vez que pienso en vos. Y trato de convencerme de que algún día no va a ser así, algún día seré feliz, alguna vez reiré sin fingirlo. Alguna vez pensaré en vos y no lloraré mares. Te recordaré con una sonrisa como te la mereces. Algún día.

lunes, 25 de enero de 2016

Momentos. 26-01-16

               Te pienso todo el tiempo, todos los días, a cada minuto. No hay momento en que no piense que estaría sucediendo si vos estuvieses acá conmigo. Qué estarías haciendo, que estarías pensando, que me estarías diciendo. Y es que te recuerdo y todo era mejor cuando vos estabas. Y todo era más feliz cuando vos estabas. Todo sonaba mejor cuando voz lo decías. Ya son tantas las cosas que no tienen sentido cuando yo las digo, porque son cosas que vos dirías, que vos me decías, y ya no significan lo mismo.
               Hay veces que me distraigo y no te pienso tanto. Siempre estás de fondo como una alarma. Mi peor alarma, suena y dice “no estoy, no vuelvo, no es lo mismo, nunca más”, se repite constantemente sin parar. Pero cuando no te pienso, estoy un poco mejor, y cuando te vuelvo a recordar me siento culpable por haberme olvidado un rato de vos. No es que alguien me estuviera culpando o acusando, va, tal vez yo lo hago. Y tal vez soy injusta conmigo misma pero es como me sale. Si tuviese que contar todas las cosas de las que me siento culpable la lista sería interminable.
               Me siento culpable por no haberte disfrutado lo suficiente. Por no haberte entendido tanto como vos lo necesitabas. Por haber prestado más atención a cosas sin sentido, materiales, en vez de pasar un rato más con vos, y es que te pido perdón, porque era una ingenua tonta que no sabía lo que tenía. Probablemente lo siga siendo, pero intento cambiarlo. Me siento culpable por no haber estado en cada momento con vos, por no estar ese estúpido día sábado, cuando me fui sabiendo que vos estabas mal. Sí, tenía mis motivos y en ese momento era necesario para mi salir, pero mirándolo con la perspectiva de ahora sé que no lo era, y que podría haberme quedado con vos. ¿Habría hecho alguna diferencia? No lo sé ni lo voy a saber nunca. Y eso me duele, tener que aceptar que hay muchas cosas que no voy a saber, y que tampoco voy a conocer.
               No voy a conocerte como abuelo, ni como anciano, ni como sabio que se acerca en paz a su final inevitable. Lamentablemente te tuve que conocer como un joven con un final de mierda, sin esperanza e infeliz. Pero la pregunta es: ¿quién muere feliz? Nadie. O tal vez alguien que supo que había vivido su vida plenamente y como quiso. Y vos no te fuiste así, porque todos sabíamos que te arrepentías de tantas cosas que hiciste y que no hiciste, cosas que para mí realmente no importaban pero para vos significaban mucho.
              También hay cosas de las que no me siento culpable, como por ejemplo haberte acompañado hasta el final, porque sé que lo estuve, fui lo más fuerte que mi corazón me permitió y estuve ahí con vos hasta que te fuiste. Sé que muchas veces te sorprendí, y me alegran algunas de mis decisiones porque sé que te hicieron bien, como por ejemplo cada vez que te levantabas a hacer algún examen muy temprano, o te ibas a hacer quimioterapia, yo me ponía la alarma y me despertaba para que antes de que te vayas yo pudiera darte un abrazo, y sé que eso significaba mucho para vos, porque lo significaba para mí. Porque cada abrazo era una reliquia que guardaba en mi corazón. Y no me olvido cuando te pedía abrazos y vos débilmente a veces me los dabas aunque nunca fuiste muy afectuoso físicamente. A veces me sorprendías mientras yo hacía algo y me dabas vos un abrazo a mí, de esos fuertes, y yo te sostenía en mis brazos y trataba de recordar tu olor, tu calor, tu respiración, a vos. Recuerdo especialmente una noche o una mañana, no estoy segura, en la que se me partió el alma verte. Fue un día de tu último mes, creo que te estabas cambiando y en un momento estabas parado en tu cuarto y me llamaste y fui y te dije “¿qué pasa pa?” y me miraste por unos segundos, y lágrimas comenzaron a salir de tus ojos tristes, y nos abrazamos. No sabía qué decirte, no sabía qué se estaba cruzando por tu mente, o tal vez sí. Pensabas lo mismo que yo quizá, que el fin de tu historia se acercaba, y no estábamos errados.
               Hay días en los que estoy bien, hay gente que me acompaña y de a ratos llena el vacío que vos dejaste, aunque eso no sea posible.
                Hay días en los que estoy triste, y tu ausencia se nota especialmente más que el resto de los días, y que cualquier cosa que me digan o me hagan provoca un llanto imparable en mí. Crece la desesperanza en mi corazón, y lo llena una desesperación enorme por no tenerte. Sí, se siente horrible.
             Y hay otros días en los que tengo tanta bronca con todos, con vos, con los dioses de este mundo, y con cada ser humano que se me cruza. Con todos por no darse cuenta de mi dolor, con aquellos que no ven la tristeza y soledad en mis ojos, y no preguntan nunca por vos, por como estoy sin vos. Con vos por no haber pensado más en mí, porque no te costaba nada cuidarte más, no te costaba nada empezar todo antes, no te costaba nada luchar más por tu vida, aunque sé que hiciste casi todo lo que pudiste por seguir para delante, y sé que a tu manera la luchaste como un héroe. Mi héroe. Me enojo con aquellos dioses que no te tuvieron en cuenta, que no te cuidaron, y deseo que ahora sí lo estén haciendo. Y por último me enojo con todos los que veo, me enojo con la vida. Veo tanta gente fumando y no entiendo cómo no se les cruza por la cabeza que esa mierda los está matando, que cada cigarrillo que consumen es un día menos de vida, un día menos con sus esposas, con sus hijas/os. Me surgen enormes ganas de gritarles “¿no te das cuenta que eso te mata? ¿Que nos mata a todos? ¿Sos tan egoísta para no pensar en los que te rodean? ¿No sabes que pagas para que te maten, pagas por tener un día menos de vida?”, pero no lo hago porque sería feo, y cruel en cierto sentido. También veo tantos padres de tu edad con una vitalidad envidiable, y me embronca, y no es de mala, justamente es por celos, celos de que otros tengan padre y yo no. No se lo deseo a nadie. Pero sí deseo que vos estuvieses acá. Desearía que vos en su momento hubieses tenido la misma salud que el resto, porque tal vez si hubieses estado así nunca te habrías enfermado, y nunca me hubieses dejado, acá sola. Pienso, pucha, por qué ellos no y vos sí, por qué ellos sí y vos no. ¿Porque es así la vida, porque en algún momento todos morimos? No me puedo conformar con esas respuestas.

         Yo sé que hiciste todo lo que pudiste, y yo también lo hice, pero sigo preguntándome: ¿podríamos haber hecho más?

viernes, 4 de septiembre de 2015

Mi niño asustado

Y por supuesto que tiene miedo. Ahora puedo ver que dentro de su caparazón, de la depresión, del dolor, del cáncer, hay un niño asustado. Un niño que no sabe qué hacer, le tiene miedo a la muerte, ¿alguien puede culparlo? Ve imágenes sueltas, se le aparecen caras conocidas. Familiares, tías, abuelas, lo retan y él no sabe por qué. Su madre, ve el rostro de su mamá y yo creo que es porque tiene miedo, y quiere estar protegido por la figura materna, la que te acompaña y consuela, pero ella se fue hace mucho tiempo. Y veo al niño dentro suyo, e imagino que solo quiere agarrar las piernas de su madre, esconderse detrás de ellas y no afrontar la realidad.
Porque la realidad es dura, es cruel, e irreversible. No se le puede escapar, no hay camino al que ir, no hay solución, no hay rumbo. Hay pelea, hay lucha, hay tristeza, y hay dolor. Hay ausencia y llanto, hay despedidas y corazones rotos. Hay desordenes y desastres. Hay quejas y molestias, enojos y decepciones. Hay rechazo y desconcierto. Hay sueños rotos.
Y él lo sabe, lo sabe todo. Lo niega y acepta a la vez. Llora mi niño asustado, llora todos los días y yo lloro también con él. No hay consuelo. No hay palabras que lo salven. No hay resto. No hay esperanza. O él no tiene al menos. ¿Quién puede culparlo? A veces yo lo culpo, y a veces lo entiendo como si le leyera la mente, aunque no esté del todo de acuerdo. Nunca estoy de acuerdo. Siempre se puede hacer más, siempre hay solución aunque sea temporaria, siempre hay algo que se puede hacer, siempre se puede vivir mejor. O intentarlo al menos.

Pero cuando miro en sus ojos sé que no tiene fuerzas para intentarlo, y sé que detrás de lo que dice ya está rendido. Si pudiera le regalaría mis fuerzas, mis ganas, mi vida. Dice que le queda poco, pero no lo sabe realmente. Repite una y otra vez, “no me quiero morir, no me quiero morir, no me dejes morir, te quiero ¿lo sabés?”. Y yo no puedo hacer más que observarlo, a mi niño asustado, a mi padre asustado. Tratar de consolarlo, apoyarlo y quererlo. Y esperar que saque de algún lado las fuerzas para vivir, para vivir por mí al menos.

domingo, 2 de agosto de 2015

Desconocidos

Ella se llamaba Martina, tenía 23 años, estudiaba abogacía. Le iba bien en lo que estudiaba, era una estudiante promedio. Todos los fines de semana salía a algún pub o discoteca, cualquier lugar que tuviera música alta, donde podría desinhibirse por algunas horas. No importaba el ambiente, ni la gente, ni la música, ella usaba cada cosa para su propio beneficio. Le gustaba que la música, cualquiera que fuese, estuviese a su mayor volumen, cosa de que no pudiera escuchar sus propios pensamientos, ni tampoco escuchar nada de lo que el resto le decía.
Cada noche usaba un atuendo diferente. Algún vestido vaporoso de colores diversos que la hiciera ver más delgada a pesar de que ella ya lo era. Unos zapatos altos, que aumentaran su altura de metro sesenta y le estilizaran sus piernas, halagadas por muchos. La mayoría de las veces se peinaba simple, dejaba suelto su largo cabello rubio oscuro. Usaba poco maquillaje, un fino delineado para contornear sus ojos claros, rímel para sus largas pestañas, y el último toque que a veces aplicaba; un rojo escarlata para sus delicados labios.
A cada lugar al que iba era deseada por hombres y mujeres. Cada vez que miraba a alguien le rompía las pobres ilusiones o esperanzas que tuviesen de que ella les prestara algo de atención. Martina no necesitaba esa atención, pero le gustaba sentirse poderosa y conocer el efecto que causaba en el resto de la gente, aunque realmente no le importaba ninguna de esas personas.
No le importaba nada ni nadie, estaba acostumbrada a eso. Usaba a la gente de su entorno como más le convenía sin gastar un segundo pensando en las consecuencias para el resto, el objetivo siempre era su propia satisfacción. Lo hizo toda su vida, a sus padres los controlaba en cualquier sentido. Venía de una familia adinerada que nunca había tenido problemas económicos y que siempre complacía cada capricho que su hija única reclamaba, así continuó siendo incluso cuando se fue de su casa. Sus padres le compraron un gran departamento amueblado en una buena ubicación de la ciudad en la que estudiaba. Tenía un fideicomiso ilimitado, el cual usaba a su antojo siempre que quería. En la secundaria se aprovechaba de los más débiles, de esas chicas necesitadas y marginadas. Se volvía amiga de ellas para conseguir tarea, o un tiempo con algún chico de turno. Ya de grande, en la universidad tenía amistades con varias jóvenes, quienes salían con ella los fines de semana, la mayoría de ellas también eran ricas. Ellas pensaban que eran iguales a Martina pero a simple vista se podía apreciar la diferencia, una elegancia y belleza la hacía distinguirse del resto. A pesar de que al principio eran muchas las personas que había cultivado en su círculo de amistades, Martina tuvo que controlar ciertas actitudes, las cuales provocaban el enojo y la enemistad en algunas. No le molestaba quedarse sola, eso no le importaba, pero las necesitaba para su propio beneficio.  Y en cuanto a los hombres, bueno eran descartables para ella, no tenía relaciones amorosas, sólo sexo. Muchas mujeres le tenían un profundo odio y otras también envidia. Podría decirse que era la causa de muchas rupturas. Su belleza atraía demasiados problemas a aquellos que estaban involucrados en una relación. La infidelidad era facilmente quebrantable, pensaba Martina.
Una noche, ella estaba esperando a sus amigas en su departamento. Se encontraba en su cuarto decidiendo que ropa elegir para ir una fiesta muy famosa en su ciudad que se hacía cada fin de año, asique tenía que ponerse algo bonito y nuevo. Inspeccionó todo su placard en busca de algún atuendo perfecto hasta que encontró un vestido color azul cobalto, corto delante y más largo detrás, hasta las rodillas. Lo combino con un cinturón y unos zapatos altísimos negros. Se vistió, luego peinó su largo cabello y se maquilló. Cuando terminó, ya faltaban pocos minutos para que sus amigas llegaran, fue al espejo enorme que estaba en el living para ver su imagen completa y pensó; “realmente me veo bien, aunque podría estar mejor”. Era una perfeccionista empedernida y a pesar de lo que pudiera aparentar, sufría momentos de autoestima inestable.
Suena el timbre y ella aprieta un botón para que las personas puedan subir, va a la entrada y abre la puerta cuando escucha risas fuertes, ahí estaban sus amigas. Martina mentalmente las clasificaba según sus características para luego sacar el mejor provecho de ellas. Karen, era la divertida del grupo, conocía a Martina hace ya unos años y de todas era con la que tenía más afinidad. Era una chica adinerada, con poco cerebro pero que sabía cómo divertirse, modelaba para una agencia famosa de ropa interior y todo el tiempo era invitada a las mejores fiestas. Luego Mercedes, la bohemia. Estudiaba arte en una universidad prestigiosa, y siempre estaba disponible para acompañar a Martina a ver galerías de arte u obras de teatro, e incluso tenía acceso a muchos lugares que el resto no podía entrar gracias a que su papá era el dueño de una de las más grandes colecciones de pinturas del país. Lucía era la estudiosa, la chica diez. Le iba bárbaro en todo lo que se proponía, estudiaba abogacía con Martina y era la mejor de su clase, sabía hablar cuatro idiomas, y dominaba a la perfección tres instrumentos; guitarra, piano y el clarinete. Y por último Pilar, la viajera. Había recorrido todo el mundo. Pilar era de esas personas a las que le podías proponer en broma ir a recorrer el Machu Picchu y a la hora ya tenía la valija hecha. Martina siempre vacacionaba con ella. Al abrir la puerta Martina se encontró con ellas y se saludaron y abrazaron. Pusieron música y prepararon cocteles de colores llamativos. Cuando ya comenzó a caer la noche y todo estaba oscuro se prepararon y llamaron a un taxi para ir al lugar de la fiesta.
El lugar era un conocido club, era muy grande y estaba decorado de forma navideña. La fiesta estaba en su momento de auge asique las chicas apenas llegaron se fueron a bailar al medio de la pista. La música era perfecta, y las luces cambiaban constantemente creando un ambiente oscuro y luminoso a la vez, con notas de colores llamativos.
Martina bailaba junto a sus amigas, en medio del tumulto de gente, pero no se sentía totalmente cómoda. Esto le solía suceder en algún momento de la noche, tenía la sensación de estar sola a pesar de la multitud que la rodeaba. Se sentía observada pero lo único que veía a su alrededor eran cabezas sin rostros, personas desconocidas y que no quería conocer. Las luces de repente la empezaban a cegar, el láser y el humo le molestaban. Se sentía extraña y confundida en el medio del ruido. Estaba lejos de casa, y quería volver, pero por otra parte quería quedarse, y sabía que la única forma de solucionar el pasaje que estaba viviendo era intentar que todo su entorno se esfume. Asique decidida se dirigió  a la barra y pidió el trago más fuerte que se le ocurrió, tomó tres rápidamente, y al poco tiempo comenzó a sentir como el alcohol hacía efecto en su cuerpo. Se sentía más relajada y todas las sensaciones anteriores quedaron en segundo plano, pensaba que bailar era la mejor idea en ese momento. De modo que fue hacía la pista, iba danzando hasta donde creía que estaban sus amigas pero no las logró encontrar, por lo tanto se giró para intentar verlas pero se quedó quieta mirando a una persona que estaba a lo lejos.
Él estaba apoyado en la barra, como despreocupado, mirándola solamente a ella. La miraba como si no hubiesen cientos de personas a su alrededor. Repentinamente se abrió entre la multitud e inició una caminata hacia ella, sin parar de mirar a Martina ni por un segundo. Cuando están a un metro de distancia él se detiene. Martina queda sorprendida por el hombre que tiene delante, era hermoso de pies a cabeza pero lo que más le deslumbraba eran sus ojos, que a pesar de las luces y la oscuridad del ambiente, notaba que eran completamente verdes, pero de un color difícil de olvidar.
Inesperadamente, la gente empieza a contar en reversa los últimos segundos del año que quedaban. 5. Ellos se siguen mirando, como inspeccionándose, conociéndose únicamente a través de una mirada, a través de sus ojos. 4. Mientras, el resto de las personas siguen bailando y gritando, sin notar la escena que ocurre frente a ellos. 3. Martina no sabe qué hacer. 2. Dentro suyo había surgido un sentimiento desconocido y salvaje que no podía controlar, por dentro su cuerpo le demandaba que se acercara y lo besara, y estaba segura que él también quería lo mismo. 1. Escuchan a todos gritar y festejar la llegada de año nuevo. Súbitamente se acercan uno al otro y comienzan a besarse violentamente como si fuera el último beso que darían en su vida. La química que tenían era rara e inevitable. Cuando sus lenguas se tocaban sentían descargas eléctricas surgir. Las manos de él se aferraban fuertes a la cintura de ella, no queriendo dejarla escapar, y ella sujetaba su cabeza demandando toda su atención.
De golpe se separan unos centímetros y se miran fijamente, ignorando las voces de la gente, la música sonando fuerte a su alrededor. Todo se evapora y quedan sólo ellos dos. Pero se alejan, satisfechos, sueltan sus manos y los dos se dirigen en direcciones contrarias. Martina sigue caminando sin saber bien por qué, pero a pesar de su estado se da vuelta para verlo por una última vez, y piensa en pedirle su nombre o al menos su número. Cuando se gira él ya no está a la vista, trata de registrarlo en diferentes lugares pero no logra divisarlo. Escucha que alguien grita su nombre, mira hacia la persona que la estaba llamando y ve a sus amigas, quienes le dicen que la estuvieron buscando por todos lados, y se abrazan todas en forma de saludo y bienvenida al nuevo año que acaba de iniciarse.

Martina les sonríe falsamente, su cabeza está a miles de kilómetros de distancia, recordando los últimos minutos, fijándolos en su mente. Pero sale de su ensimismamiento y procede a bailar de nuevo con sus amigas. Feliz por ese momento que vivió, privado y público a la vez con un extraño, que había logrado despertar algo en ella que no podía entender, que la llenó por dentro de energía. Ya había besado a extraños en otras ocasiones pero esta vez había sido diferente, había sentido algo más, algo distinto. Quería más, necesitaba más. Pero a la vez estaba triste ya que él nunca sabrá su identidad, son y serán desconocidos.

lunes, 8 de junio de 2015

Repitiendo el mismo error

Despertarte y ver una pared blanca. De repente se te avecinan muchos recuerdos de anoche, hasta que te das cuenta que son retazos de un sueño. El sueño se componía de dos personas las mismas que siempre protagonizan los sueños que escribo.
Soñé que me encontraba en un lugar desconocido para mi conciencia pero que por alguna extraña razón dentro de mi inconsciente yo conocía, y en el que tenía que realizar actividades o trabajo que no logro recordar. Sé que me cruzaba con mucha gente conocida, y que ésta, me trataba de manera diferente a lo usual, lo que me provocaba curiosidad y extrañes. Sentía ojos fijados en mí a cada lugar al que iba. Recuerdo que era de noche, pensaba que no lograba terminar de hacer las cosas que se supone tenía que hacer. Luego aparezco en un pasillo yendo a una habitación a oscuras, entro y cierro la puerta. Hay un mueble contra la pared que llegaba hasta el techo, como una especie de estantería pero que tenía pocas cosas, la mayoría de los estantes estaban vacíos. También había una cama, muy muy alta en la que una persona dormía, y yo sabía quién era. Dejo mis cosas en una silla y comienzo a desvestirme para ir a dormir con él. Cuando me subo a la cama lo hago despacio y silenciosamente pero él se despierta de todas formas.
Cuando él se despierta, me mira somnoliento y me dice “no llegabas más” y yo le sonrío y respondo “es que era mucho trabajo”. Me recuesto a su lado en la cama, él apoya su mano en mi cintura y nos ponemos a hablar de la vida por un rato. Estábamos muy cerca uno del otro, y mis pensamientos eran felices pero toda la situación me parecía rara e irreal, inconscientemente sabía la verdad. En un momento nuestros rostros se encontraban a pocos centímetros de distancia, y nos besamos, acto seguido él dice “te extrañé un montón”, y me abraza fuertemente como si hubiesen pasado siglos desde la última vez que nos vimos, y es que tal vez ese tiempo sí pasó. Mi yo interno no puede saltar más de alegría porque es imaginario, pero realmente me sentía satisfecha en sus brazos, aunque sintiera que en cualquier momento él se iba a desvanecer y desaparecer de mi vida. También pensaba que tal vez de verdad había cambiado y se había dado cuenta de que podría llegar a quererme y aceptar ese hecho.
Asi que disfruté esos segundos o minutos junto a él, porque sabía que iban a ser escasos, y cuando menos lo pensé, me encontraba despierta mirando una pared blanca. Sola y desorientada en una cama deshecha. No me extrañaba, no era la primera vez que sucedía y tampoco sería la última. En el sueño y también despierta yo sabía que todo era una ilusión, pero si mi inconsciente por algún motivo había montado una escena así debía ser por una razón, no era justo desperdiciar algo tan bonito. Pero sé, que como todo en relación a nosotros dos eso no era real y fue sólo un sueño, él no me quiere de esa manera ni de ninguna otra.

Ahora, por las noches “sueño tu abrazo, busco recuerdos a los que aferrarme para no conciliar el sueño”, y así verte de nuevo. Porque tal vez, sólo sos vos y sólo soy yo en mis sueños. Sólo somos nosotros en mi sueño. Y para ser franca es mi parte favorita del día, aunque en la oscuridad lo único que haga sea abrir la misma herida repitiendo el mismo error. Una y otra vez.

miércoles, 15 de abril de 2015

Ex

Me afecta demasiado para mi gusto, me lo cruzo y ya se me vienen todos los recuerdos juntos.  Las veces que estuvimos juntos, que me miraba, que compartíamos cosas. Aunque sea poquito yo lo recuerdo porque en ese momento hizo surgir cosas en mí que nada en ese tiempo podía, y no fue que me conformé con cualquiera, el chico era lindo y atento, y lo más importante era que a mí me gustaba y yo le gustaba a él. Y si, terminó. Va, él lo terminó de manera fea.
Pero por entiendo y a la vez no, que solo fui un pase, una etapa, un momento. Fue poco más de un mes y todavía no lo pude superar.  ¿Todavía me sigue molestando verlo y escucharlo? Sí.
Todo el mundo me cuestiona, reclaman un por qué, un cómo. Yo que sé. En ese momento me gustaba. Me parecía alguien decente. Y lo es. Cada vez que lo cuento no lo pueden creer. Me miran preguntándome ¿cómo pudiste? Si es horrible y un tarado. No lo era para mí en esa época. A mí me gustaba como era, su forma de desenvolverse y su personalidad. Si, también había otras cosas que me molestaban pero era obvio que no era el pibe perfecto, yo tampoco lo soy.
Pero no me va esa cosa de criticar ferozmente a alguien con quien estuviste alguna vez. En algún punto lo quisiste y no lo podes negar, y me molesta la manera en que la gente se olvida de ese detalle cuando habla de un ex, se olvidan que alguna vez lo quisieron. Y después ir andando diciendo cosas feas del otro me parece incorrecto. ¿Eso me hace boluda o inocente? Puede ser pero no me importa.  Sí, me lastimo y en ese momento me dolió mucho aunque no éramos nada y me siguió molestando por muchos meses su actitud de “acá no pasó nada” y actualmente me molesta. Pero no quiere decir que vaya a odiarlo de por vida o a hablar pestes de él, como hace toda la gente normal.

O sea lo odio por la forma en que trató nuestra relación, por cortar y no explicar nada, y es por eso es que me molesta verlo, porque cada vez que lo miro no puedo dejar de pensar ¿por qué? Si todo iba bien hasta ese momento por qué cortar. Pero a la vez no lo odio a él, tendrá sus motivos, ajenos a mí al parecer, pero es como es y lo acepto, no voy a ser como esas resentidas que le cuentan a medio mundo como el boludo del ex las cagó, porque no soy así. Prefiero decir que salí con un tonto que no sabía lo que quería, nada más.  Y aparte, no va a ser el primero que me encuentre.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Mentira, te quiero.

              Lo odio. Odio su personalidad extravagante. Odio su manera de hablar, como si todo lo que dijese fuese gracioso. Y ese tonito que usa para seducirte. Odio su forma de caminar, como si se las supiera todas y se comiera el mundo, con la frente en alto, y un cartel invisible en el pecho que dice soy un ganador. Odio que que le vaya bien en lo que se propone. Odio su barba pinchuda. Odio sus malditos ojos verdes. Odio su forma de ser, como si no le importara nada ni nadie, como si no tuviera ataduras a nada y a nadie. Y es que en verdad no las tiene. Odio que sea siempre despreocupado por todo, su tranquilidad me irrita. 
              Lo odio hasta cuando se ríe. Odio su manera de escribir, me matan sus faltas de ortografía. Odio lo que hace y dice, y cómo lo hace y dice. Odio que conozca a medio mundo, y se lleve bien con todos ellos. Odio su desprendimiento hacia la gente y su falta de compromiso. Odio que me hable como si todo estuviera genial, como si nada nunca haya pasado y yo fuese cualquiera. Y es que probablemente lo soy. Odio odiarlo. Odio su manera de mirarme, de intimidarme, de hablarme. Te odio porque puedo y porque me hacés odiarte. Mentira no te odio, te quiero. 

17-09-2014

sábado, 30 de agosto de 2014

La tierra.

               Es una mañana tranquila, no se escucha ningún sonido salvo por el que las olas del mar emiten. Hay un sol espléndido. Casi nada ha cambiado. La tierra sigue girando, el sol sigue apareciendo. Las plantas siguen creciendo y el viento sigue volando. Lo único que cambió, fue la existencia de seres humanos. No hay más, se extinguió esa especie de ser vivo. No por catástrofes, no por alguna epidemia, simplemente por la enorme ambición y vanidad del hombre. Por ese hambre de poder que lo lleva a realizar cosas inimaginables que tienen consecuencias irreparables, y ellos se dieron cuenta tarde.
                El mundo no notará nuestra ausencia. Solo somos huéspedes que habitan en él por un corto plazo de tiempo, y para algunos mucho menos. El mundo estaría mejor sin humanos. Tal vez, dentro de millones de años nazca una nueva especie, capaz de habitar este enorme planeta y saber cuidarlo de la manera en que los seres humanos no pudimos.


Inspirado en la canción Love Dance del Cirque Du Soleil.

martes, 24 de junio de 2014

Vacío

Siento un vacío enorme dentro de mí. Siento que estoy perdida. Hace ya un tiempo que le dejé de dar sentido o significatividad a las cosas. Todo me da igual. Pero sé que quiero un cambio. Y cuando estoy por conseguir uno me acobardo, me asusto. Me cuesta creerlo pero me di cuenta que le tengo miedo a tantas cosas. A prácticamente todo. A la vida. Al amor. A la muerte. Cualquier cosa me asusta, quiero intentar cambiarlo pero no me sale o no me esfuerzo lo suficiente.
La verdad es que soy débil. Y no es una justificación, pero lo es. Me siento frágil, como que cada palabra que me dicen me rompe, y es que hace rato que estoy rota. Y me sorprende haberme dado cuenta cuando otro lo dijo por mí. 
Es que veo todo tan efímero, tan finito. La vida pasa delante de mis ojos y no la veo. El tiempo se desliza de mis manos como arena y no logro rescatar nada. Los días pasan sin cesar, sin que signifiquen nada en absoluto. Y es que como ya dije pocas cosas considero con sentido. ¿Nunca les pasó estar en una situación o en un momento dado en el que sentís que estás pero no estás? Estoy en todos lados y a la vez en ninguno. Mi cuerpo está presente y mi mente está perdida. Mi cerebro se cuelga, y sé que debería hacer algo para remediarlo, pero no encuentro una salida. Sé que debería ser más fuerte, para mí y para los que me necesitan, pero nunca lo fui y me cuesta intentar serlo.

domingo, 20 de abril de 2014

Ausencia

Es quizá la falta de afecto lo que le molesta. O le duele. Es el desinterés que la gente le daba. Quizá ella ahuyentaba a las personas. O tal vez no prestaba demasiada atención a lo que pasaba a su alrededor.
La verdad era que Alicia estaba paralizada en un punto de su vida. Luego de recibir una muy triste noticia, se paralizó, quedó estancada en esa noticia y en ese momento. No comprendía bien lo que le pasaba, o lo que le iba a pasar. Estaba realmente aterrada de su presente, y no quería imaginar su futuro.
Cuando te dan la noticia de que vas a perder una parte de tu vida, una parte de tu corazón, es difícil digerirlo. Era como perder una de tus extremidades, o algún órgano vital que te impedía seguir con tu vida. Es complicado levantar cabeza y ser fuerte. Y Alicia no estaba lista para eso. No era fuerte, era una vulnerable chica que no podía aguantar un golpe más a su frágil corazón.
Pasaba sus días de forma monótona, no disfrutaba de las cosas que hacía, solo ejecutaba sus acciones sin pensarlas demasiado. No sentía ningún entusiasmo por nada, no tenía ambiciones que la hicieran superarse. Veía todo pero no miraba nada. Oía todo pero no escuchaba nada. Las imágenes pasaban delante de sus ojos como diapositivas en un video, con la única diferencia de que todo era negro. Las palabras pasaban de un oído al otro sin que ella prestara demasiada atención a lo que le decían. Dejo de hablar, no tenía nada para decir.
No tenía tampoco el apoyo de alguien. Se sentía completamente sola. Estaba dentro de una burbuja en la que aparentemente nadie podía entrar. Ella estaba confiada en que nadie quería entrar. Había intentado de muchas maneras acercarse a alguien para contarle lo que le sucedía, lo que la apenaba, pero no creía que alguien quisiera estar cerca de alguien con tantos problemas.
Quizá no confiaba mucho en la gente y por eso no se interesaban. O tal vez inconscientemente repelía a las personas.  No era una persona desagradable, solo era extremadamente reservada y quizá ese era su problema. La gente pensaba que era soberbia, aunque ella pensaba todo lo contrario. La gente prejuzgaba demasiado, y describían a las personas sin mucho fundamento.
Alicia era una chica normal. No era la típica adolescente, pero a su manera era normal. No compartía sus pensamientos con mucha gente. Era sociable y le era fácil hablar de temas triviales, o de evitar temas que no quería hablar. Era simple e inteligente. No dejaba que el resto vea las heridas y cicatrices que su corazón poseía. Pero creía que nadie realmente intentaba ver a través del disfraz que se ponía todos los días.
La verdad era que estaba perdida y estancada en el mismo sucio y frío agua de siempre. Pero últimamente sus penas crecían con más rápides, y todo le provocaba dolor. Quizá era porque vivía en una casa de dolor. Donde mirara donde mirara siempre encontraba algo que la hacía mal. Donde no podía evitar pensar en las cosas que la entristecían. Era siempre el mismo ambiente, uno de ausencia. La ausencia de algo. Algo estaba yéndose y quizá nunca iba a volver. Y eso era lo que más le dolía a Alicia. Vivir de esa manera con la incertidumbre de lo que iba a pasar, y que consecuencias tendría en ella.
Ella pensaba que no lo iba a poder superar, y quizá nunca lo vaya a lograr. Pero no estaba segura. No todo estaba perdido, pero sentía que una parte de su alma ya se había ido hace un tiempo. Creía que la marca que tenía nunca se iba a borrar de su mente y su corazón. Y era probable que nunca se fuera. Ella sabía que tenía que ser fuerte para su gente. Sabía que tenía que armarse de un plan para sobrevivir, pero era tan difícil. Sobretodo viendo como todo su entorno se derrumbaba.

El mundo seguía girando. La gente seguía viviendo. Pero ella nunca sería igual. Nunca vería las cosas de la misma manera. No tendría las mismas creencias. Y definitivamente no actuaría sin pensar una sola vez en cómo su papá lo haría si estuviese con ella.



Sé que estás cansada. 
Veo tus ojos llorar, otra vez.
Te veo caer, y caeré también, con vos.
Espérame.

Brilla como el río que te trajo.
Cariño, correremos lo más lejos de aquí.
Te amé tanto que me cuesta recordar,
cómo era la vida sin vos acá.

Tu corazón se rompe,
cuando no hay nadie alrededor para verlo.
Oh, no.
La vida te decepciona
que no me parece justo para nada.
Mi amor.

Brilla como el río que te trajo.
Cariño, correremos lo más lejos de aquí.
Te amé tanto que me cuesta recordar,
cómo era la vida sin vos acá.


Shine - Sam Palladio.

domingo, 19 de enero de 2014

La Mirada

La forma en la que me miraba. Era tan, a ver ¿cómo decirlo? Tan especial. Tan linda. Me miraba como si me conociera completamente. Como si pudiera leer en mis ojos todo lo que me pasaba y al mismo tiempo decirme que me entendía y me quería igual. Y yo estaba completamente embobada con esos ojos. Lindos ojos marrones. Mejor dicho con ese rostro. Había veces que no me podía contener. Es que era demasiado bonito. Me distraía de cualquier pensamiento lógico. Y a la vez me traía a un solo pensamiento, no estábamos juntos, no le gustaba.

 Hay veces que pienso que soñar es perjudicial para la mente. Pero sé que lo pasé bien en ese sueño. Sé que me desperté contenta de haberte soñado, y desesperada por tratar de recordar hasta lo más mínimo de lo que me había permitido imaginar. Pero no se puede vivir de los sueños. No señor. Aunque eso no me quita el deseo de que él me viera como me vio en ese sueño. Que me mirara realmente. Pero no es así, y lo tengo que aceptar, aunque eso me tome un tiempo y unas cuantas lágrimas.

domingo, 20 de octubre de 2013

Te extraño cuando cae la noche.


Te extraño cuando cae la noche. Cuando mi mente lucha débilmente por olvidarte. Cuando la necesidad es más grande de lo que puedo soportar. Cuando recuerdo todo lo que hice mal, y todo lo que podría haber hecho mejor. Te extraño cuando me pongo a pensar en vos, y en todo lo que podríamos haber sido. Y en todo lo que podemos ser, si tan solo me vieras.

                De día es diferente, de día soy más fría y puedo esconder mis sentimientos en el fondo de mi alma. Pero hay veces que no siempre puedo lograrlo. De día te odio, te insulto y aborrezco. No puedo entenderte y eso desata en mí pensamientos que no quiero. Pienso que puedo sola, que no te necesito. Pienso que no me importas, y que el tiempo puede curar esta herida. Pero no es así y muy en el fondo lo sé. De día, me llamo estúpida por recordar lo que siento por las noches, me avergüenzo de mi misma de tan solo pensarlo. De día no te necesito.

                Pero cuando cae la luna, y llega la noche, abrasándome con la oscuridad, pierdo toda mi cordura. Los fantasmas me atacan sin piedad. Necesito saber que en algún lugar de tu corazón me querés y que en algún momento mi nombre resuena en tu cabeza. Pero no lo sé. Te extraño cuando cae la noche, y no puedo soportar más las paredes que planto todos los días cuando te miro, o te pienso. Se derrumban en lo oscuro de mi corazón, diciéndome lo débil que me siento. Aclarándome nuevamente que no estás acá, y no lo estarás en un futuro cercano. Me terminan diciendo que soy solo una inútil que te extraña sin siquiera vos saberlo. 

lunes, 22 de julio de 2013

Sueño de un beso

           "Luego de un momento supuse que iba a pasar, nos íbamos a besar. A dar nuestro primer/segundo beso por así decirlo. Un beso dulce, despreocupado, sin restricciones. Un beso cariñoso y querido por ambos. Pero yo estaba equivocada, porque lamentablemente no pasó. Vos te alejaste un poco, me soltaste las manos y si mi memoria no falla, me dijiste que ya volvías. Pero no fue así, vos no volviste y no nos pudimos dar ese beso buscado. Y luego, como era de suponer yo me desperté, y el sueño acabó."



          Volví a soñar con vos, y fue extraño. Unas horas antes de dormirme, estaba recordando mil momentos. Vos estabas raro esa noche, te sentía más cerca de lo normal, más amable, más vos. No entendía qué era lo que pasaba, pero me gustaba, y no quería que te fueras o que se termine la noche. Escuchábamos música, hablábamos de cosas sin importancia. Pero hubo momentos en los que me bloqueabas. Nos miramos y ahí fue cuando me di cuenta de que me podía perder en tus ojos. La sensación fue corta pero linda.  Entrabamos en un trance.Lo hacías a propósito, me mirabas de una manera diferente a como lo hacías con el resto. De una manera prohibida por motivos obvios. Hablábamos sin decir una palabra, porque se pueden decir mil cosas con tan solo una mirada. Se pueden descubrir cosas que no se aprecian todo el tiempo. Y es imposible mentirle a los ojos. Son el mejor lente, tienen la mejor calidad y nitidez, y revelan cosas que son imposibles de ocultar.  Yo sentía que buscabas algo más en mis ojos, algo que yo no me animaba a decir. Y lo mismo hacía yo, quería tratar de descifrar tus pensamientos, aunque siempre fuiste bueno ocultándolos. Me mirabas y yo simplemente me moría por dentro. Me moría, al saber que nunca pasaría lo que yo deseaba, al saber que vos nunca te animarías a decirme nada. Y me moría, al saber que todo lo que imaginaba en ese momento, jamás sucedería. 
               Estuviste cerca toda la noche. Estábamos en un lugar con varias personas, pero a penas había un segundo en el que estábamos solos, todo era diferente. En momentos vos creabas ese ambiente. O sino, pasabas cerca mío y me decías algo, o me molestabas para llamarme la atención. Hubo una ocasión en la que estábamos a tan cerca que casi me animo a hacerlo. Pero no, estaba mal, era algo que no tenía que suceder o por lo menos no en ese preciso instante.
              Luego, cayó la noche, y me fui a dormir recordando lo que una vez soñé y escribí. Recordé mi sueño de nuestro abrazo. Me acuerdo ahora y ya no parece tan real, pero en ese momento lo fue. Creía que de verdad había pasado hasta que desperté. Lentamente me fui quedando dormida pensando en vos. Y como dicen algunos, cuando te dormís pensando en una persona luego vas a soñar con ella. Y yo te soñé, de nuevo otra vez.
              Nos encontrábamos en el comedor de tu casa. Yo ya me estaba yendo y vos me ibas a abrir la puerta. Todo sucedió rapidísimo. Estaba la puerta abierta, y yo ya estaba lista para irme así que me acerque a vos para saludarte. Y en ese momento, solo Dios sabe de quién fue la culpa, nos besamos. Fue un beso veloz, uno fugaz. Nuestros labios se unieron, y volvimos a entrar en trance como cuando nos mirábamos. Fueron unos 5 segundos maravillosos. Y digo que fue corto porque inmediatamente me desperté, con ganas de seguir soñando. Pero no pude, abrí los ojos y me quedé pensando, rodeada de un silencio imperturbable y una oscuridad absoluta. 
              Lentamente las lágrimas fueron cayendo a través de mi rostro, sabiendo que vos nunca descubrirías la verdad a menos de que yo te la dijera. Estaba triste por saber que nunca sucedería. Una por una, seguían cayendo las lágrimas silenciosas como la noche. Silenciosa como la luna que me iluminaba a través de la ventana. Y que aunque este muy lejos sabe todo, cada uno de los secretos, porque siempre está ahí presente.
           Y de nuevo como aquella vez, analicé la posibilidad de contarte, pero no lo hice. Y quizá estés leyendo esto ahora y pensás que va dirigido a vos. Puede que si, puede que no, nunca lo sabrás. A menos que me recuerdes, y recuerdes esa noche que me miraste de una manera que nunca lo habías hecho. Recuerdes como alguna vez, quisiste ese abrazo y beso soñado, tanto como yo. Y, quizá, solo quizá también soñarías conmigo y nuestro beso.


How deep is your love? (¿Qué tan profundo es tu amor?)
I really need to learn. (Realmente necesito aprender.)
'Cause were living in a world of fools, (Porque vivimos en un mundo de locos,)
breaking us down, (bue nos quiebra)
when they all should let us be. (cuando todo lo que tienen que hacer es dejarnos ser.)
We belong to you and me... (Pertenecemos el uno al otro...)

Bee Gees - How Deep Is Your Love?

domingo, 23 de junio de 2013

No sé qué esperabas

          No sé qué esperabas. ¿Que él te diga algo lindo? ¿Que te hable de algo interesante? ¿Que te divierta? Si para eso no se encontraron, o quizá si. ¿Qué querías? Que te abraze y te acaricie el cabello diciéndote algún piropo bien armado? ¿Que te diga que te quiere? Si de verdad no lo siente. Sabías que los dos se utilizaban mutuamente. Una compañía no se niega cuando uno está tan solo, y lo sabés. Si por eso fuiste. Para que por un momento no te sintieras tan sola. 
           Lamento informarte que él solo quería verte para besarte de la forma que vos no querés, y para manosearte, cosa que creo que tampoco querías. Era obvio que para eso iban. Vos lo sabías, y lo esperabas quizás, pero tenías un poquito de esperanza de que no fuera así. Querías pasarla bien, reír autenticamente, no fingir una sonrisa falsa. Querías hablar, conocerlo y que te conozca, bromear, no sé, hacer algo más lindo que lo que hiciste. Te sentaste a charlar con extraño, porque tenés que aceptar que lo es no importa hace cuantos años lo conozcas. Hablaste de temas vacíos. Reíste de chistes que no te causaban gracia. Y luego, inevitablemente lo besaste esperando sentir algo que muy en el fondo sabías que no ibas a sentir. Fue un beso insípido y vacío, como lo era su relación. Él dijo: "la próxima podemos ir a mi casa". Y vos pensaste: "no va a haber una próxima vez". Y luego mientras se besaban, empezó a tocarte el pecho, y luego descendió su mano. Vos no sabías qué hacer, no sentías nada especial y tampoco te gustaba así que le sacaste la mano disimuladamente. No sabías qué decir. Preferías no decir nada a decir algo estúpido sin sentido. Y querías que se callase él, que no empezara a hablar de cosas que sinceramente no te importaban y lo más probable es que a esta altura tampoco lo recordarías. 
           Luego se separaron y mucho no se dijeron. Los dos tenían cosas que hacer. Y vos querías irte lo más rápido posible. Sentías una especie de repugnancia y decepción. Habías ido en busca de un poco de compañía y habías vuelto sin nada. La verdad, no sé qué esperabas. ¿Que te pida de una manera dulce y cariñosa un beso? Demasiado cursi para ser él. Sabías que todo lo que querías no iba a pasar. Pero sos una chica soñadora se podría decir. O quizá te ilusionaste pero no sé con qué. Nadie te había prometido corazones y flores, y sin embargo, como siempre, pensaste que quizá él era la excepción. Como lo pensás con todos los que conocés. Te comunico que no lo es. Es solo un infeliz más que quiso usarte. Y lo peor de todo es que lo logro. 
               Pero no te voy a retar por todo. Solo digo que una chica inteligente como sos vos, se daría cuenta a lo que se somete, y sabría dar un paso al costado cuando sabe que es un territorio peligroso. Pero así son las mujeres, caen en las trampas de aquellos hombres que quieren jugar con ellas. Y en cambio, a los otros hombres que serían geniales con vos, que te querrían incondicionalmente los ignorás. Eso, es una lástima. Tanto tiempo desperdiciado viendo cosas que querés pero que no necesitás y lo sabés. Pero el deseo vale más que la necesidad de llenar tu corazón. Y no quisiste ver lo que era real. Quisiste ver únicamente tu fantasía. Aquella que te ciega de la vida y de la gente. Y por eso estás como estás. Te distrajiste y perdiste el rumbo y la única culpable sos vos, porque lograste que sucediera. Y porque aunque no lo quieras aceptar o no lo hayas hecho adrede, vos provocás lo que te pasa. Cada uno es tan infeliz como cree que es.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Ya no tengo miedo


                Estoy sola, hay mucho silencio. Camino y no veo a ninguna persona, voy con miedo. ¿Qué me puedo encontrar? Todo está oscuro y cada cosa que antes veía como un objeto normal, ahora se transforma en aterrador.
                Sigo caminando con desconfianza, llego hasta un final de un camino. No sé para dónde ir.  Hay un pasillo angosto que no da muy buenos augurios. Otro más grande, me asusta con su oscuridad. Y también hay una escalera enorme. No sé qué camino elegir, dudo y pienso, pero la verdad es que no sé qué puedo hallar en ninguno de esos lugares.
                De repente escucho un ruido, unas voces a lo lejos. Vienen de arriba, asique con un poco de curiosidad, me animo a subir las escaleras. Lo hago despacio para no emitir ningún sonido. Subo los últimos escalones y me encuentro con un largo pasillo, iluminado por una única luz tenue que viene de una habitación. Continúo caminando y diviso una silueta, es una persona. Un muchacho, estatura media, delgado, pelo corto. Está a contraluz asique no le puedo ver el rostro, pero por algún motivo que desconozco, siento que me está mirando. No puedo ver sus ojos. Me voy acercando a pasos pequeños, ya no siento miedo y no sé por qué. No lo conozco, no sé quién es. Puede ser alguien malvado que me puede lastimar de alguna forma. Puede ser un asesino, y este sería el mejor lugar para matarme y que nadie se entere. Pero no creo que sea así. No da esa impresión. Ya estoy tan solo a un metro de distancia de él. El chico no se mueve, está quieto y no dice una palabra.
-          ¿Quién sos?
Le pregunto, y él no responde. Lo único que hace es estirar su mano hacia la mía, la toma suavemente y acto seguido me guía hacia la luz. Recién en ese momento puedo llegar a apreciar sus ojos. Son marrones oscuros, profundos, dulces y sinceros, no tienen maldad. El joven se queda en ese lugar, y no me saca la vista de los ojos. Yo lo miro también, y me empiezo a enamorar de esos ojos.
Luego de un momento que parece una eternidad me dice:
-          No tengas miedo.
Y ahí, parada al lado de esa extraña y desconocida persona, me siento más segura que nunca. No me importa con qué me pueda encontrar, o quiénes fueron los que hicieron ese ruido que me trajo aquí. Estoy tranquila, pero me siento rara. Y por fin, ya no tengo miedo.

martes, 16 de abril de 2013

Sueño de un abrazo


Solo quería un abrazo, tu abrazo. Fue un sueño raro. Yo estaba con vos en una habitación que no conocía pero se supone que debía conocerla. Estabamos viendo algo en un televisor, no sé si una película, un corto, una serie, un noticiero o qué. Vos estabas sentado en un sillón y yo estaba en otro más alejado. De repente todo cambia, la habitación se va, y yo ahora me encuentro parada, cerca de una mesa alta y vos estás al lado mío. Te saco un papel que tenés en la mano y empiezo a escribir algo. Sin saberlo nuestras manos rozan y vos aprovechás el momento. Yo empiezo a sentir algo caliente y sueve sobre mi mano, sí, es la tuya. Tu mano estaba sobre la mía, yo lo sabía y no hacía nada para evitar el contacto. Me doy cuenta luego, de que estamos cerca, quizá más de lo que deberíamos. Y sin pensarlo dos veces vos, sorpresivamente me abrazás. Lo hacés fuerte y cariñosamente. Me decís al oído: "Te estoy abrazando, si solo supieras hace cuanto que lo quería hacer", y luego no decís nada más, te quedás en silencio. Y yo no te pude decir nada, solo sabía que me encantaba escuchar tu voz en mi oído, y que por un momento me sentí protegida y acompañada en este mundo tan solitario. Fue un cálido y largo abrazo.
Estaba todavía rodeada por tus brazos cuando de a poco nos fuimos separando. Terminamos con nuestros rostros a diez centímetros uno del otro, y seguíamos de la mano. Lo único que hacíamos era mirarnos a los ojos sin decir una palabra. Nos mirabamos, y descubríamos cosas ocultas bajo esas caras que esconden todo. Porque si ves con atención los ojos de alguna persona, llegás a leerlos. Son los únicos que dicen la verdad.
Luego de un momento supuse que iba a pasar, nos ibamos a besar. A dar nuestro primer/segundo beso por así decirlo. Un beso dulce, despreocupado, sin restricciones. Un beso cariñoso y querido por ambos. Pero yo estaba equivocada, porque lamentablemnte no pasó. Vos te alejaste un poco, me soltaste las manos y si mi memoria no falla, me dijiste que ya volvías. Pero no fue así, vos no volviste, y no nos pudimos dar ese beso buscado. Y luego, como era de suponer yo me desperté y el sueño se acabó.
Me desperté y recordé todo lo que había soñado, había parecido muy real. Quizá demasiado. Me hubiese gustado contarte el sueño, y que supieras que sos vos el protagonista de esta historia. Pero los dos sabemos que eso no va a pasar, y que mi sueño tampoco se va a concretar. Yo te sigo queriendo, como siempre, aún cuando estemos lejos. Y vos bueno, no lo sé realmente. Supongo que seguirás por tu camino, haciendo tus cosas, junto a los tuyos, negando lo obvio. Eso que tus ojos no pueden esconder ni ocultar. Porque yo sé que en el fondo, muy muy en el fondo vos también querés lo mismo que yo. Y quizá, sólo quizás también soñas conmigo y nuestro abrazo.


This hope is treacherous. (Esta esperanza es traicionera).
This daydream is dangerous.  (Esta fantasía es peligrosa).
This hope is tracherous.  (Esta esperanza es traicionera).
And I,I,I like it.  (Y a mi, a mi, a mi me gusta).

lunes, 25 de marzo de 2013

Caminos encontrados, (parte 2)

      Pasó la semana y llegó el esperado día. Los dos lo habían esperado con ansias. Eugenia se puso lo más linda que pudo. Escogió su camisa favorita y sus mejores jeans. Llegó temprano al lugar del encuentro, le gustaba ser puntual e incluso a veces llegaba 20 minutos antes del horario arreglado solo por si las dudas. Se sentó en un banco de la plaza, era un día lindo y soleado, había un poco de viento. Mientras esperaba, escuchaba música, hasta que lo vio. Estaba lejos todavía, pero Eugenia al instante se lo puso a observar. Vestía normal, pantalón oscuro, remera de color azul con un logo grande de The Beatles, ella sonrió al ver la remera, amaba a The Beatles. Ezra caminaba, un poco distraído y tal vez un poco perdido. De repente, buscando entre cien caras diferentes la encuentra, y se dirige hacia ella. Ella le devuelve la mirada. Sin que se den cuenta él ya está al lado de ella, la saluda y le dice:
- ¡Hola! ¿Cómo andás? ¿Hace mucho que esperabas?
- No, recién llegué. - Mintió Eugenia.
- Ah bien, pensé que había llegado tarde. - Sí, solo quince minutos tarde pensó ella.
- Jaja, bueno ¿y ahora qué hacemos?
- Mmm, vamos a caminar por la plaza, ¿dale? -  Propone un nervioso Ezra. Luego se pone a pensar por qué está tan nervioso, si solo está saliendo con una amiga, su amiga de varios años. Tampoco sabe por qué le cuesta hablar, tartamudea o se traba. Son los nervios, piensa. "Dale, es solo una salida", se trata de convencer.
- Dale, está re lindo el día viste.
- Sí, perfecto para ir a caminar con alguien que no ves hace mucho. - Ouch, "por qué dije eso, qué estúpido" piensa para si mismo. 
- Jaja puede ser. Y, ¿qué es de tu vida? -  Pregunta tímidamente Eugenia. Trata de controlarse pero está ansiosa, lo extrañaba tanto y acá está, en frente de ella.
- La verdad que no mucho, me gustaría contarte algo divertido. Pero ya me conocés, soy bastante aburrido. 
- Mentira, yo siempre me divertía con vos.
- Sos la única que lo piensa entonces. Ah, casi me olvido, empecé un curso de fotografía. - Le cuenta entusiasmado, está contento con ese nuevo proyecto. No sabía que algo le podría gustar tanto o igual que la lectura.
- ¡Hey! Buenísimo, quiero ver fotos, para la próxima trae. 
- Jaja bueno dale, traje la cámara si querés podemos sacar algunas fotos.
- Mmm, para serte sincera no me divierte mucho sacarme fotos, además siempre salgo mal. - Dice Eugenia un poco sonrojada.
- ¿Quién dijo que te quería sacar a vos? - "Ya tenía que decir algún comentario inútil", pensó ella. - Mentira, seguro que salís re bonita. - "Wow, lo dije", pensó Ezra, no entiende nada de lo que dice o por qué lo dice. Solo sabe que la está pasando bien, y que siente cosas que hace mucho no sentía, cosas que se había olvidado, tal como en algún triste momento la olvidó a ella.
          Luego se sentaron en el pasto de la plaza, cerca de unos arbustos, él sacó la cámara y empezó a sacar fotos a diversas cosas. Árboles, hojas, niños jugando, y de repente le saca algunas a ella. Eugenia estaba muy linda ese día, luego se pone a pensar que nunca había apreciado lo linda que era su amiga. Morocha, ojos claros, y una sonrisa dulce. Esta, al ver que Ezra le había empezado a sacar fotos, le dice que pare, mientras ríe e intenta ocultar su rostro. Este logra captar algunas imágenes lindas. Luego siguen charlando, de una cosa y de otra. De la familia de uno, de los amigos del otro. Y cuando se fijan, ya se pasó toda la tarde. Se despiden amistosamente, y luego cada uno sigue su camino.
           Ezra se va caminando, y piensa lo bien que la pasó hoy. Si bien estaba nervioso, luego de un rato los nervios se fueron disipando de a poco. No sabía bien por qué pero se sentía raro. Decidió no hacer caso a su cerebro, no quería analizar mucho. Siguió como si nada. Esfumándose en una solitaria calle.
        Eugenia está feliz, se alegraba mucho de haber podido recuperar a su amigo. Aunque lo notaba diferente, algo en él no era igual. Hablaba más, se interesaba más, le gustaba más. No comprendía bien qué era lo que había cambiado, pero esperaba que el cambio en su viejo amigo fuese bueno.

El dibujante andante

            Todos necesitan a alguien. A alguien con quien hablar, reír, pasar el rato. A él le gustaba estar solo, obviamente tenía amigos como cualquier otra persona, pero le gustaba de vez en cuando sentarse en algún lugar, estar solo, y pensar, mirar a su alrededor, y ver las cosas desde diferentes perspectivas. Sus días eran todos bastante similares, sin ningún acontecimiento importante. Iba al colegio, ya estaba en su último año, allí, charlaba con sus amigos, compartía momentos, se reía con ellos. Pero sentía que le faltaba algo, se sentía vacío, sin siquiera saber el motivo.
            Luego, se iba a su casa, y a veces se desviaba y se iba a caminar por su barrio, o iba a alguna plaza. Se sentaba en el árbol de siempre, sacaba su cuaderno y  dibujaba,  lo que veía, alguna persona pasar, o algo que se le ocurriese en el momento. Retomaba el camino y se iba, escuchando música, hasta su casa. Pensando en la vida, en lo que tiene que hacer. Más importante, lo que quiere hacer, no lo sabe. Imaginando qué dibujaría al día siguiente, quizás el destino lo sorprendería y lo haría cruzar con algo maravilloso que el pueda retratar.

viernes, 15 de marzo de 2013

Autenticidad


       Me siento un poco perdida.  Veo que todos hacen cosas, van por un camino, tienen planes, objetivos, ambiciones, y yo simplemente estoy estancada en el mismo lugar de siempre. Siempre que propongo hacer algo, se cancela por alguna u otra razón. Siempre que empiezo alguna actividad, la dejo al poco tiempo, por miedo, miedo a no saber qué o cómo hacerlo, miedo a que no me guste tal actividad, miedo a no ser buena en eso, y terminar dándome cuenta de que no soy buena en ninguna cosa, o simplemente nada me gusta. Me gusta escribir, eso lo sé, pero no lo hago frecuentemente porque carezco de inspiración. Además del hecho de que me da vergüenza mostrar lo que escribo. No sé bien el motivo, supongo que creo que cuando escribo, me desnudo un poco, me empiezo a mostrar a mi misma, y no, quizá no estoy complacida con lo que veo, y me da miedo que el resto, descubra quien soy, quien oculto ser, o descubrir cosas que niego o no quiero aceptar.
        Si bien publico lo que escribo, no se lo muestro a las personas que más me importan, como mi familia. Supongo que me da vergüenza, porque valoro demasiado su opinión, y me dolería, que me juzgaran o vean lo que realmente me pasa.
        Yo no muestro mucho, soy más bien una persona reservada, aunque cueste creerlo, los que piensan que me conocen, no lo hacen realmente. Pienso que me escondo detrás de una faceta, para facilitar las cosas. Puedo decir que soy alegre, pero como muchos/as otros, soy de las que sufren en silencio. Algunos me dicen que soy un "rayito de sol", porque siempre tengo una sonrisa en la cara, pero pasa que es el único camino que conozco. Sonrío porque no puedo estar mal todo el día, no me permito mostrarme frágil. En sencillas cuentas sonrío porque no me queda otra. Sobrellevo mis problemas de esa manera.
         Creo que ni mis más cercanas amigas/os conocen todo de mí, o quien realmente soy, qué me gusta. Es en parte culpa mía por no mostrarme, pero, desde mi punto de vista, pienso que es a la vez culpa de ellos/as, por prejuzgar que soy de una manera. Podría mencionar el hecho de que amo leer, es algo que me apasiona, y no entiendo porque el resto no lo ve así, pero es otro tema, tema de gustos. Cuando un amigo o amiga mía, me ven con un libro, o ven que llevo un libro en mi mochila, siento que se burlan, porque dicen "¿enserio lees esto?", o "ay como vas a leer eso, ¿no te aburre?". "No podés". Y yo solo me las/los quedo mirando, y pienso "gracias, eh", lindos comentarios. Y me duele que me digan eso, o piensen eso. 
           Otro tema sería la música, lo sé tengo un gusto particular en la música. Va, me gustan muchos géneros, podría decirte mil canciones diferentes que me gustan. Desde clásico hasta lo moderno, desde lo viejo hasta lo nuevo, pero tengo más fascinación por la música vieja. Y con esto que digo no quiero hacerme la importante, o parecer más que el otro, solo digo lo que me gusta y conozco. Y bueno a otra gente no tanto, entonces cuando les muestro alguna canción, me la critican, o cuando les cuento con entusiasmo que no sé, por ejemplo, voy a ir a ver un recital, o voy a comprar un reproductor, me tengo que bancar que me digan: "esta vez ponele buena música". Y yo respondo, lo mío es música, son cosas diferentes que te guste o no, lo entiendas o no. Entonces paso siguiente, te encasillan y piensan que solo te gusta un sola banda, y piensan que tu música que una mierda. O sea yo no les ando criticando la música que ustedes escuchan, si bien no me gusta lo que escuchas, no digo nada, por un simple gesto de respeto hacia el otro. 
        Pero bueno, no puedo cambiar a los demás, no puedo cambiar lo que piensan o hacen, y no es que quiera, porque es bueno tener diversas opiniones, siempre y cuando no hieran a nadie. Y no sería justo, estaría haciendo exactamente lo que no quiero que me hagan a mí. Lo que sí puedo cambiar es lo que piensan de mí, hacer frente y hacerles entender que me tienen que aceptar tal cual soy, sin cambios, una auténtica yo, con mis gustos, mis locuras, y boludeces. 

Mi primer día

      Son las 6 de la mañana, suena muy cerca mío una melodía molesta y repetitiva. Es mi alarma, la apago y de repente escucho un: "Valeeeee despertate!!", a lo que respondo muy soñolienta; "ya me desperté . Unos 10 segundos después escucho otra vez a mi mamá gritarme "Valeeeee dale, despertate!", y yo todavía recostada le respondo; "¡¡que ya me levanté mamá!!". Son las 6:05, sigo en la cama, no me quiero levantar, está tan cálida y cómoda la camita, quiero dormir hasta las 12. Ni siquiera quiero pensar en todo lo que me falta pasar por este día.
      Me levanto, voy al baño, hago diversas cosas, me lavo la cara con agua bien fría para despertarme lo más posible y sacarme la cara de dormida. Misión imposible, sigo teniendo la misma cara pero limpia y fría. Voy a mi cuarto, me cambio, agarro todas las cosas que andan tiradas que tengo que llevar al cole y bajo las escaleras en silencio par no despertar a nadie. O por lo menos lo intenté jaja.
     Estoy ansiosa y nerviosa. No puedo creer que solo falte 1 hora para empiezar mi último año de colegio.
     Ya abajo, prendo la tele y pongo algún canal de música para que me acompañe un rato. Mientras me peino, maquillo muy poco, y trato de no pensar en nada, si lo hago no voy a poder controlar mis nervios. Ya lista, arreglada, peinada, y con todo guardado, me encamino por el pasillo. Pero hay un detalle, sigo dormida, me pesan los ojos, tengo frío y pido a gritos silenciosos una cama.
     Voy a la misma parada de siempre. Hoy no hay nadie, va, nunca hay nadie. Está todo tan silencioso que da miedo. Llega el colectivo, subo y paso la tarjeta de secundario. Luego recuerdo que este es el último año que la voy a usar. Ya sentada miro y me doy cuenta de que cambiaron el colectivero de la mañana. El año pasado siempre me tocaba el mismo, un viejito re simpático.
      Bajo del colectivero, voy a la otra parada y al toque llega el otro cole. Sí, vivo en Punta Mogotes y me tomo 2 colectivos para ir a la escuela. Subo, me siento y me pongo los auriculares.
     Skyfall de Adele. Ahhh! Como amo ese tema. Voy en el cole, de a poco se va llenando. Veo subir gente, chiquitos yendo a la primaria. Madres que los acompañan. Adultos que van al trabajo. Algunas caras las conozco de vista, otras no tanto. Pasan los minutos lentos y pesados. Y yo sigo compenetrada en la canción. Mientras pienso mil cosas. Recuerdos de todo tipo. Primer día del 1° grado. Wow qué feliz que era cuando era chica. Primer día de secundaria básica, era bastante tonta a esa edad. Me sentía lo más por ir a la secundaria, pensaba: "wiiiiii, ya soy grande". Luego, primer día de polimodal, en ese momento me sentía genial por estar abajo. En mi colegio los de la secundaria básica van arriba y los de polimodal abajo. Los de arriba nos moríamos por ir abajo, y ya estaba allí, llegué al fin. Después se me cruzan otros recuerdos de diferente años, juntadas, salidas, boludeo en el cole.
      Sin darme cuenta, ya pasé a la siguiente canción y estaba llegando a su fin. A Lonely September de Plain White T's. Empieza Bend and Break de Keane, acá le subo el volumen de la música, amo ese tema. Creo que ya estoy más tranquila. Voy sentada en el cole, mirando las casas pasar rápidamente frente a mis ojos.
      Ahora está sonando Love Is Our Weapon de Never Shout Never. Me pongo a analizar un poco la letra, dice: “tendremos un día difícil si no podemos solucionar todos los pequeños y molestos problemas por los que peleamos”. Lo pienso un poquito mejor y llego a la conclusión de que pasa seguido, nos distraemos por cosas insignificantes y nos complicamos la vida peleando, cuando no tiene porque ser así. Y eso pasa demasiado seguido en el colegio.
    Empieza Young Folks de The Kooks. Me gusta esta versión, es divertida. Pucha no quiero, estoy demasiado cerca del cole, se pasa rápido el tiempo cuando escuchás música. Termina esa canción y empieza  Hey There Delilah de Plain White T's, cambio,  Cancer de My Chemical Romance, cambio, Foundations de Kate Nash, cambio. Ahh, necesito una canción más potente, más alegre, que me levante el ánimo.
            Tocó Ho-Hey de The Luminners, no es la más alegre pero es muy linda. Fuck, sin darme cuenta ya me bajé del colectivo.
            Ya está no puedo más, estoy nerviosa y ansiosa. Siento como que voy a empezar un año re nuevo, pero solo es otro año más de colegio. Pero no, para mi no. Es el primer día de mi último año. Es el último primer día de secundario. Y puedo estar todo el día haciendo juegos de palabras. Es el comienzo del fin. No, no quiero empezar, no estoy lista. ¿Apenas hace 5 años empezaba el secundario y ya lo estoy terminando? Noooooo, por Dios. ¿A dónde se fueron todos esos años? Pasaron volando y se fueron sin decir adiós.
            Llego a la puerta del colegio y no veo a ningún conocido. Ahhh, ¿dónde están esos compañeros que siempre llegan temprano? Todos ahí nos sentimos igual, estamos exaltados por el primer día, saludando a gente que no veíamos hace un montón, conociendo caras nuevas. Todos en ese preciso momento compartimos un mismo pensamiento: “tengo frío”, “quiero dormir”. Por fin entramos y yo que todavía seguía con la música encendida, siento como empieza un gran tema para entrar al colegio; Teenagers de My Chemical Romance. No sé si fue casualidad pero era la canción perfecta para ese momento.
             Ya son las 9 y estoy sentada adelante de todo, me pasa por llegar tarde al salón. Estoy en Proyecto de Investigación. Wow, ¿qué es eso? Ahh, no pasan más los minutos, estoy con una amiga mirando el reloj cada 10 segundos, pero el tiempo no va a pasar más rápido no importa cuantas veces me fije.
            Riiiiiiiiiiiiiiiiiing, al fin. Recreo. Salgo con una amiga a caminar. Pobre, siempre la hago dar mil vueltas por el cole. Subimos, bajamos, saludamos y... Riiiiiiiiiiiiiiing. Eh!! ¿Ya terminó? Pero si...  Yo estaba en... Encima... Pucha, terminó.
            Yo son las 11, estoy en matemática, ya lo decidí, este año me la llevo de una. No entiendo nada de nada. ¿Por qué son taaan difíciles las matemáticas? Odio esa materia. Hago mi mejor esfuerzo por entender y hacer las ejercicios y no hay caso.
            Al fin, ya están por ser  las 12:50, tanto número me hizo doler la cabeza. Ya casi toca y me voy, no quiero estar más en el cole. Miro hacia atrás y todos mis compañeros tienen la misma cara y las mismas ganas de irse.
            Riiiiiiiing, puff ya está, terminó. No fue como esperaba que sea mi primer día pero bueno, fue pasable. Salgo caminando por la puerta, con una amiga al costado y respiro hondo para atrapar aire fresco y limpio. Para despejarme la mente y dejarme llevar un poco. Falta todavía mucho por recorrer y es solo el primer día.


Skyfall - Adele http://www.youtube.com/watch?v=DeumyOzKqgI
A Lonely September - Plain White T's http://www.youtube.com/watch?v=d_QK-sXBPAA
Bend and Break - Keane http://www.youtube.com/watch?v=0MJ0KdvXHzs
Love Is Our Weapon - Never Shout Never http://www.youtube.com/watch?v=ejagJGp7EUo
Young Folks - The Kooks http://www.youtube.com/watch?v=sYycYUjCECU
Hey There Delilah - Plain White T's http://www.youtube.com/watch?v=EbJtYqBYCV8
Cancer - My Chemical Romance http://www.youtube.com/watch?v=byVA-YfNxds
Foundations - Kate Nash http://www.youtube.com/watch?v=ryH5cga0yUI
Ho Hey - The Luminners http://www.youtube.com/watch?v=zvCBSSwgtg4
Teenagers - My Chemical Romance http://www.youtube.com/watch?v=k6EQAOmJrbw