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viernes, 23 de noviembre de 2012

Realidades ficticias

      Ilusiones y fantasías me dicen qué decir y qué hacer. Me dicen cosas que no quiero escuchar. Me hacen ver cosas que no deseo ver. Todo es ficticio, no existe. Ese mundo no es realidad. Y la realidad, no la quiero ver. Pensamientos se amontonan en este pequeño cerebro, se terminan mezclando, y me hacen confundir todo. Solo quiero escaparme. No quiero tener que hacer todas las cosas que hago, ni ver todas las cosas que veo, ni aceptar las cosas con las que no estoy de acuerdo.
       No quiero decir que si a las cosas que deseo decir no. Y viceversa. Quiero dormir. A veces eternamente. Últimamente todo me deprime,  soy yo? es el mundo? la vida, tal vez? No lo sé, lo que si sé es que estoy harta de todo, del mundo que me come de a poco con su magnificencia. De la vida, que a cada minuto quiere que decida cosas difíciles a las que no sé qué responder, o no estoy lista para hacerlo. Y especialmente estoy harta de mí, de ser siempre la misma, supongo.
    A veces me despierto en la noche, o incluso a la mañana y ruego por seguir durmiendo. Ya que sueño cosas hermosas, seres bonitos, historias buenas, situaciones positivas. No quiero despertarme cuando puedo soñar todo eso. No quiero despertarme y que la realidad me golpee fuertemente. El problema es que luego, confundo lo que soñé con lo que pasó de verdad. Me acuerdo de todo, y sólo me queda rogar para que algún día pase lo que yo quiero.


Ya sólo me queda,
la vacía pena
del viajero que regresa.
Estoy tan perdido,
soy la asesina de
de tantas primaveras.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Million dollar man

          Era 1975, había un bar viejo, al que la gente iba a mirar shows de cantantes poco conocidos, pero buenos. Se decía que allí iban empresarios importantes. Todas las noches había una banda diferente. Algunos días tocaban rock, en sus diferentes categorías melódicas, otros días pasaban indie o contemporáneo. El lugar era medianamente chico, tenía una decoración bohemia, luces bajas, cuadros en toas las paredes. Habían unos sillones antiguos pero cómodos ubicados al lado de la pared. Una barra larga y llena de distintas botellas que contenían licores añejos exquisitos. El barman era un hombre de unos 60 años, tez morena, ojos oscuros, un poco excedido de peso. Todo el mundo allí lo conocía, ya que trabajaba en el bar hacía 30 años.
        Las personas que concurrían al bar eran siempre las mismas. Estaba el borracho de siempre, que se ponía a hablar con todos, diciendo incoherencias. El serio, que iba solo para acompañar a sus amigos. El artista, que se ponía en una esquina a retratar a los personajes que veía allí dentro. Y estaba el solitario, que iba a ahogar sus penas en el alcohol, pero que nunca se lo vio ebrio. Siempre mantenía su cordura, y se iba al final de la noche cuando todos se habían ido, solo quedaban él y el barman que cerraba el bar. Él era un empresario exitoso, era simpático y todos le querían. Era solitario, cosa que a veces le jugaba en contra. En el bar, no hablaba ni hacía nada con nadie.
       Una noche, este hombre había ido al bar con un propósito especial. Quería ver a una mujer que iba a cantar ese día. Cuando la anunciaron, todos ovacionaron su presencia. subió al escenario, con un vestido rojo largo precioso. Estaba peinada de manera tal que su larga melena le caía por los hombros a la cintura naturalmente. Casi no tenía maquillaje, solo se había pintado los labios de un rojo carmesí. Ella era alta, delgada, con ojos marrones, y una extraña mirada perdida. Parecía una mujer abandonada, sin vida. El único motivo que le daba a la vida era el de cantar. Tenía una voz rara pero linda, suave y antigua. Empezó a cantar.
              [You said I was the most exotic flower. Holding me ticht in our final hour...]
             [Dijiste que yo era la flor más exótica. Sujetándome fuerte en nuestra hora final...] 
       Cuando cantaba, el bar parecía otra cosa, todos estaban escuchándola con atención. Nadie decía nada. Los hombres pensaban en halagos para decirle cuando finalizara la canción. Las mujeres la miraban con celos y envidia, sabían que nunca podrían ser como ella. Y él, el hombre solitario con un vaso de whisky en mano, la miraba hipnotizado.
              [I don't know how you convince them and get them, boy. I don't know what you do, it's unbelievable...] 
            [No sé cómo los convences y los obtienes. No sé lo que haces, es increible...]
      Ella seguía cantando, sintiendo la música y lo que cantaba, una canción de amor. Miraba a todos y a nadie a la vez, veía rostros vacíos  hasta que lo vio. Se miraron mutuamente por un minuto, que pareció una eternidad.
     Ellos se conocían, habían sido amantes en una época. Pero su amor terminó tan rápido como la canción que ella cantó esa noche. Él era un hombre bueno pero ocupado, obsesionado con su trabajo, el cual lo consumía. 
                 [You've got the world, but baby, at what price?...] 
                [Tienes el mundo, pero cariño a qué precio?...]       
      Ella le quería, pero no aguantaba ese defecto. Así que él decidió separarse, cosa que los devastó a los dos. Esta cantante se volvió fría y amarga. Y él, tuvo que tomar una decisión y eligió su trabajo.
            [One for the money. Two for the show. I love you honey. I´m ready, I'm ready to go...] 
           [Una por el dinero. Dos por el show. Te amo cariño. Estoy lista, estoy lista para ir...]
     Luego de un tiempo, el hombre entendió que había cometido un gran error, y empezó a ir al bar todos los días, a esperarla. Hasta que ese día la vio.
     Los dos seguían mirándose  incluso cuando ella ya había terminado la canción. Ella se retiró del pequeño escenario en donde estaba, y fue directo a la mesa en la que sentado, esperándola, estaba él. No sé dijeron ni una palabra. Los dos se conocían, y no era necesario decir nada. Se miraron y entendieron qué era lo que quería cada uno. Se querían, estaban destinados a estar juntos, y lo sabían. Entonces él se paró, la tomó suavemente por la cintura, y le dijo:
- Te amo.
    Ella sonrió y le dio un beso en respuesta.
         [I don't know. You're screwed up and brilliant. You look like a million dollar man. So why is my heart broke?...]
        [No lo sé. Estás jodido y eres brillante. Luces como un hombre de millón de dolares. Si es así, por qué está mi corazón roto?...]


  Canción original: Lana del Rey - Million dollar man.
http://www.youtube.com/watch?v=lM7O4cXuZuc


            

jueves, 1 de noviembre de 2012

Aguafuerte


     El tiempo pasa, rápido y lento a la vez. Todos lo valoramos de diferentes formas. Algunos no le prestan mucha atención. El tiempo pasa y se lleva la vida consigo. Esa vida que es distinta en todos y cada uno.
     Algunas personas que pasan por la calle, van caminando, con cierta dejadez y pesadez en su cuerpo. Caminan lento y como rendidos. Como si hubieran perdido una batalla, aquella que todos quieren ganar.
     Otros pasean, miran y observan todo. Miran el suelo, irregular. Notan plantas por ahí, y algunos brotes entre las grietas del suelo. Sacan fotos, a veces a todo lo que ven, algunos de ellos son turistas. Van tranquilos, sin apuros, tratando de guardar en su memoria todo aquello que ven.
      Otros van apurados, casi trotando. Se llevan puesto todo a su paso, sin importar si se chocan con alguien o si sin querer hacen caer cosas. No ven por donde caminan, y entienden poco hacia donde van. Parecen robots, yendo de un lado al otro. Fríos y calculadores.
      Hay personas que van tranquilas, pero que no entienden mucho lo que pasa. Ven y observan todo, quizá demasiado  Pero les cuesta discernir entre lo que realmente ven y lo que desearían ver. Quizá me incluiría en esa categoría de personas andantes. Con el único detalle de que lo que veo, allí sentada en una vereda, una plaza o fuente, lo plasmo en un papel. Para contarlo al mundo, a alguien, a todos, a vos.

viernes, 19 de octubre de 2012

Pienso, luego existo.

           Leo, antes bastante seguido. Ahora de vez en cuando. Pienso, analizo, te veo y me arrepiento. Leo historias de amor y te pienso, te imagino. Trato de buscarte un lugar en las historias, en mis historias. Me entusiasmo e instantáneamente me deprimo. Hay días mejores que  otros. Veo películas y nos imagino en las escenas, en la trama, y en el final. Peo casi todos los finales son felices y el nuestro no lo fue. Sí, lo acepto tuvimos varias por no decir muchas malas. Lamentablemente me acuerdo de todo.
          Algunas cosas o situaciones creo que me las imagino, pero luego me acuerdo de que sí, pasó. Y al otro día nos vemos, te miro y observo. Y me pongo a pensar, qué sentís, que querés, qué pensás, me recordás? No lo sé y creo que nunca lo haré hasta que dejes de ser un cobarde. No te entiendo, trato pero no lo logro. Decís cosas confusas. Me decís que somos iguales, aunque yo ya había notado que coincidíamos en cosas, pero nunca, en la vida quisiera ser igual a vos. No lo fui, no lo soy, y no voy a ser como vos.
       Te veo, y te siento perdido. Sos a veces muy predecible, y otras muy indescifrable. Me decís que me querés, yo no te respondo, ya que no es de la manera que yo quisiera. Sí, obviamente te quiero, pero no te lo voy a decir nunca. Llamame orgullosa si querés, pero la verdad es que me cuesta decirlo, me siento tonta y vulnerable, frágil. No quiero que me veas así, siendo que sentimos cosas diferentes. Y además creo que me rechazarías y no quisiera volver a verme expuesta como una vez lo estuve.
Asique es así, aunque no diga las cosas, las siento. Ya me conocés, soy cerrada. Y sí, voy a poner mi mejor sonrisa, o la que pueda, aunque me sienta pésimo. Quizá no sea la mejor forma de llevar las cosas, pero es la mejor forma que yo puedo llevarlas.
      Y bueno, quizá algún día te darás cuenta, mires a tu alrededor y veas que siempre hubo alguien al lado tuyo, desde el comienzo, y quizás, solo quizás, te des cuenta de que ese alguien soy yo.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Caminos encontrados

      Él era un chico normal, común y corriente. Se llamaba Ezra. Tenía unos 17 años, era delgado y bajito, su rostro era agraciado, tenía facciones que enamoraban a varias. Era de temperamento calmo, inteligente, callado. A veces demasiado. Te podía hacer reír cuando quería, pero tenía como defecto ser una persona indiferente, desinteresada por los demás, lo que provocaba que muchas veces hiriera a las personas de su alrededor. Tenía a veces un mal genio que le hacía decir y hacer estupideces. Era orgulloso, lo que le jugaba en contra. Era fácil hablar con él, le gustaba mucho la música y las películas, pero sobretodo la lectura. Leía mucho, admiraba a los autores y sus historias. A veces era confuso con sus acciones, nunca estaba decidido con lo que quería. En lo amoroso, bueno no era un buen tema para él. Había tenido un par de novias, no las había llegado a querer realmente. Sí, la pasaba bien y las quería, pero nomas como amigos. Respecto al colegio, era un alumno promedio, ni se destacaba ni reprobaba, solo zafaba.
     Sus compañeros lo querían, pero lo conocían bien y sabían que era capaz de hacer boludeces, cuando quería podía ser cruel, traicionarte, mentirte, sin siquiera arrepentirse de nada. Pero también era un amigo con el que la podías pasar bien.
     Tenía una extraña relación con una chica de su colegio, Eugenia. Se podría decir que eran amigos, pero ninguno de ellos sabía si de verdad lo eran. Tenían una historia complicada. Se peleaban por mil cosas diferentes, diferían en opiniones, se insultaban todo el tiempo, pero al final del día se querían, y la pasaban bien juntos. Él la había lastimado algunas veces con lo que decía o hacía, y ella, estúpidamente lo terminaba perdonando siempre. Hubo un tiempo en que no se hablaban por meses, otros, se hablaban todos lo días. Tenían una personalidad parecida pero ella era más buena y sensible que él. Compartían gustos en música, pelis y libros. Pero como todos saben, que a una persona le gustan las mismas cosas raras que a vos, no lo convierte en tu alma gemela.
    En el año 2009 fue cuando algo cambio. Era julio, él tenía novia nueva. Seguía hablando con Eugenia, pero ahora de una manera diferente. Coqueteaban, se contaban cosas. Se mandaban cartas continuamente, porque en esa época ellos se manejaban así, todo lo hablaban por cartas. Cada uno tenía siempre las ganas de que llegaran cartas nuevas, y la incertidumbre de saber qué decían. Vivían en la misma ciudad, y de vez en cuando se encontraban, pero siempre con otros amigos, y no con muchas frecuencia. Ella se cambió de colegio, cosa que los distanció un poco.
    Un día las cartas empezaron a cesar. Él no respondía con el mismo entuasiasmo que antes, y ella no sabía bien por qué. Se sabía que Ezra tenía varios problemas con su novia. Se rumoreaba que ella era  insoportable y que él sólo estaba con ella por lástima, la conocía hace mucho y la quería, pero igual a cualquiera de sus otras ex novias. Él estaba un poco harto de ella pero no la quería dejar porque no quería estar solo. Uno de los problemas que tenían, era la cantidad de cartas que últimamente se estaban enviando Eugenia y Ezra, cosa que a la novia de este mucha gracia no le hacía.
    Ya a comienzos de agosto de ese mismo año, ni se hablaban, apenas se escribían, y las pocas cartas que recibían el uno del otro, eran tontas y monótonas, no tenían la misma magia que antes tenían. Eugenia pensaba que Ezra había perdido el interés en ella, cosa que le dolía, ya que lo quería a pesar de todo. Él, siguió con su vida, como si nunca la hubiera conocido, la ignoró, no quería en parte, pero tampoco le importaba demasiado.
    Y así siguieron los meses, no se hablaban, ni se miraban cuando se encontraban. Pasó un verano entero, y no hubo ninguna comunicación entre ambos. Hasta que un día se encontraron casualmente en la calle. Eugenia había salido del colegio y se dirigía hacia su parada de colectivo. Ezra estaba caminando hacia ningún lugar en particular, ya que todos los viernes al salir del colegio, se iba a caminar junto con su MP3 y andaba así, paseando y pensando hasta que se aburría y volvía a su casa. Y ese día era viernes.
   Al encontrarse, los dos estaban sorprendidos, hacia meses que no se veían, y ahora ni se reconocían. Parecían dos extraños hablándose por primera vez. Ella estaba enojada porque él había cortado toda la relación que tenían sin una explicación, pero sabía que en cuanto lo viese, inmediatamente lo iba a perdonar,. Ella era débil en ese sentido, lo sabía pero no podía hacer nada al respecto.
- Hola. - Dijo sorprendido Ezra.
- Hola - Respondió ella.
    Los dos estaban muy incómodos, no sabían qué decirse ni qué hacer. Entonces, Eugenia empezó a hablar y a hacerle preguntas, para eliminar ese silencio molesto que los invadía.
- ¿Cómo andás? ¿Qué es de tu vida? Hace tanto que no nos vemos. No sé nada de vos hace un montonazo. Lo último que supe fue hace como tres meses, me dijeron que te separaste de tu novia. Lo siento- Dijo Eugenia con un falso lamento.
- Sí, bueno no estábamos muy bien y la cosa no dio para más y decidí ponerle fin. A ella no le gustó mucho, pero yo creo que era lo mejor para los dos. Pero, contame vos, ¿cómo te está yendo en el colegio?
- Bien, aprobé todas las materia y en mayo comienzo un taller para prepararme para la facultad.
- Oh, eso es genial. - Dijo Ezra, con gran interés.
   Volvió un silencio incómodo. Se quedaron unos minutos en silencio, cada uno caído en profundos pensamientos. Hasta que él interrumpió a Eugenia en sus meditaciones:
- Tenés razón, pasó mucho tiempo desde que nos vimos por última vez. ¿Qué estabas haciendo por acá? - Preguntó, tratando de ocultar su nerviosismo.
- Nada en particular acabo de salir de la escuela y me dirigía a mi casa. ¿Vos?
- Hacía mis caminatas semanales.
- Jaja y, ¿cómo es eso? -  Preguntó con curiosidad Eugenia.
- Claro, todos los vienes salgo a caminar después del colegio, hasta que me canso y vuelvo a casa. - Explicó sonriendo Ezra. - Che, si no tenés que hacer nada ahora, ¿me querés acompañar? - La invitó esperanzado, deseaba mucho que ella pudiese. Con lo poco que habían hablado, recordó cómo era ella, y cómo hablaban fluidamente siempre y quería saber más de ella, ya que no sabían nada actual uno del otro.
- Perdón, pero hoy no puedo, tengo que estudiar todo el fin de semana y hoy también, porque la semana que viene tengo pruebas y si no estudio me matan. - Dijo Eugenia, un poco apenada por haberle dicho que no, pero de verdad no podía. Pero al ver la cara de decepción que puso su viejo amigo, se le ocurrió algo. - Hey, el viernes que viene estoy libre, si querés nos podemos juntar y charlamos mejor, ¿te parece?
- Buenísimo me parece, dale. ¿Te queda bien encontrarnos en la plaza que está cerca de la biblioteca municipal?
- ¿Cuál? ¿Esa que tiene un gran parque para chiquitos? ¿La plaza Aquisto?
- Sí, esa. ¿A las 3 podés? - Eugenia asintió. - Bueno, entonces nos vemos en un semana. ¡Chau! - Se despidió Ezra sonriendo, alegre de haberla visto de nuevo después de tanto tiempo.
      Eugenia le devolvió el saludo y se dirigió hacia su parada, por una parte apenada por no poder seguir hablando y por otra, entusiasmada porque se vieran otra vez.

jueves, 11 de octubre de 2012

Adiós

       "Desearía no tener que respirar. No tener que ver, oler, sentir, pensar. Desearía no tener sentidos, para ahorrarme todo esto que es la vida. Quisiera no tener sentimientos ni emociones, una razón sería para no tener que sufrir, otra, para poder tomar decisiones rápidas y concretas. Me gustaría no tener pies, me duelen y no quiero seguir lastimandolos con mis caídas, que ya son varias. Tampoco quiero tener piernas, están cansadas de tanto caminar por la vida, y están hartas de llevar el peso de un cuerpo que anda sin rumbo. Quisiera no tener ni cintura, cadera, ni panza, para poder tranquilamente mirarme, y decir no tengo nada. No quiero tener corazón, quiero ser fría e insensible, así no tendría tantos problemas.
     Desearía no tener manos ni dedos, para no tener que tocar superficies feas, ni levantar cosas imposibles. De esa manera no tendría que trabajar, ni escribir nada. Podría dejar de ver que la piel de mis manos está gastada por los años, está seca por este crudo invierno. Si no tuviera brazos bueno no sé, pero mejor no los quiero, no necesito que sostengan mis manos y que estás agarren cosas equivocadas, lo peor sería que agarrasen otras manos iguales a ellas.
      Quisiera no tener espalda, así no tendría que soportar y sujetar ese ladrillo gigante que te pone la vida encima para que sigas caminando a pesar de todo. Dicen que con los años el ladrillo se vuelve más ligero, pero, yo les puedo decir que tengo unos cuantos años y sigue igual de pesado. Desearía no tener cuello, así no sostiene esta enorme cabeza vacía.
      Me encantaría no tener boca, para no decir cosas estúpidas o innecesarias, para no trabarme al hablar, o simplemente para no hablar. Estaría bueno no tener nariz, de esa forma no oleríamos ningún aroma que nos recuerde a nada. No saben lo grandioso que sería no tener ojos, otra cosa por la cual nos ahorraríamos tantos problemas. no veríamos cosas que no queremos, tampoco podríamos ver a personas que no queremos. Me gustaría no tener oídos., para no escuchar las incoherencias de los tontos que me rodean. Para no escuchar tampoco, las cosas que yo misma digo.
    Pero lo que me haría de verdad feliz, sería no tener cerebro. Me salvaría. No tendría que pensar en nada, ni imaginar, ni sentir, ni recordar. Me dejaría dormir por las noches, no me preocuparía nunca por nada. Oh, ahí si sería completamente feliz. Pero, como sé que no se puede borrar todo este listado de cosas de mi vida. Voy a tomar el único camino que veo posible. Voy a desaparecer, volar, ser libre, así no tendré que preocuparme por nada.
                                                                                    Adiós."

       Y eso fue lo último que supieron sus padres, de su hija mayor, Erika. Una mujer sin hijos ni esposo, que vivía en un pequeño dupléx cerca del mar. Más presisamente cerca de los acantilados, en Mar del Plata. Hasta que un mal día dejó una carta en la puerta de la casa de sus padres, y nunca más la vieron. Pasó el tiempo, y las investigaciones seguían sin dar con ninguna pista o rastro de ella. Todo terminó cuando un hombre de prefectura los visitó, y les dio la noticia de que habían encontrado a su hija. Estaba entre las piedras con las que choca el mar, en los acantilado. Al parecer, se había suicidado. Hizo lo que había predicho, desapareció, voló, y se fue feliz, como quería ser.


jueves, 13 de septiembre de 2012

Crecer

        Yo conocía a esa niña, a esa pequeña nena, que jugaba todo el tiempo. Que cantaba, bailaba, se reía siempre. Tenía un largo ruloso pelo negro, y con unos raros ojos verdes. Se dice que vivía siempre sonriendo. Me extraña que no sea tan así actualmente. Cuando quería, podía ser muy elocuente y ocurrente con lo que decía, y más de una vez le sacaba una sonrisa a alguien, ya sea sus buenos padres o cualquier extraño que la viese. De chica no tenía grandes ambiciones para su futuro. El primer oficio que un niño responde cuando se le pregunta qué quiere ser de grande es usualmente veterinario. Ella quería ser doctora. Luego, como cualquier otra persona de su edad,  se le ocurrieron 7 distintas carreras para seguir.
         Seguió una etapa en la que quería ser quimiquista. Sí, leíste bien, no me equivoqué al escribir. Ella decía que si uno estudia la química, no puede llamarse de la misma forma, entonces decidió que iba a ser quimiquista.
         No recuerdo cómo siguió después la historia. Supongo que aquella pequeña fue creciendo, y cambiando, a su ritmo, de gustos, juegos, carreras. Cuando tuvo unos aproximadamente 12 años, decidió que se iba a dedicar a la cocina, a la pastelería para ser más exacta. Quería cocinar y hacer esas magníficas tortas que siempre veía en la tele o revistas. Decorarlas dulcemente y con ese amor que le ponen algunas personas a lo que cocinan para que todo sepa mejor.
        Siguió creciendo, definitivamente no era la misma que antes. Había crecido de golpe. Se había caído unas cuantas veces, y se había levantado otras. Ya no hacía lo mismo que antes. Ya no sonreía tanto, no sé por qué, y creo que ella tampoco. Los desgastes del tiempo se le empezaban a notar cada vez más, y eso que era joven todavía, demasiado diría yo. Había madurado, pero solo un poquito. Todavía le faltaba mucho camino por recorrer, y ella lo sabía perfectamente, sin embargo, a veces, concientemente perdía el tiempo en pequeñeces.
        Luego descubrió algo que quizá la haya cambiado bastante. La hizo ver todo desde nuevas perspectivas. Empezó a leer, y a instruirse sobre cosas que le gustaban. se podría decir que empezó a descubrirse a si misma. Ya había llegado a la tan esperada adolescencia. Se empezó a preocupar por distintas cosas, hizo otras nuevas, cambió y definió sus gustos. Se dio cuenta de que ya no quería ser cheff, tenía en claro que no quería ser eso, pero todavía no sabía lo que quería seguir.
       Ya estaba en 4° año. Hace tiempo que había comenzado a escribir, ya sea para descargarse o por puro hobbie. Ya estaba en polimodal, era toda una señorita. En el colegio le iba bien, nunca le había ido mal, era buena estudiante, tenía sus problemas particulares, de concentración y organización. Le costaba concentrarse y no distraerse, y eso hacía que le costara hacer sus tareas. Pero así era ella, atolondrada, distraída y torpe. Ese mismo año tuvo una materia llamada Psicología. Al principio le pareció lo más aburrido del mundo. Luego, le encontró la vuelta y le fascinó. Le gustaba aprender cosas sobre las personas, ya sea pensamientos o personalidades, eso la ayudaba a entender mejor a la gente, y un poco a si misma.
      Un día a la salida de gimnasia, estaba caminando por una plaza y un joven la para y le pregunta si era de ese lugar. Ella responde que sí, que estudiaba allí en la facultad. Ni ella supo por qué había dicho aquella traviesa mentira. El chico le preguntó qué estudiaba, y ella inmediatamente contestó Letras. Fue lo primero que se le vino a la cabeza. Bueno, en fin, el chico quería vender no sé qué libros religiosos. Ella estaba apurada, así que le dio las gracias y se inventó una excusa para irse. Ese día no lo pudo olvidar, le quedó grabado. Ella estaba segura de que quería seguir Psicología, no tenía en sus planes estudiar letras, y sin embargo eso fue lo que dijo, su subconsciente le jugó una mala pasada. Por algo dijo Letras y no Psicología.
     Desde ese entonces no mucho a cambiado. Ella sigue con la duda, pero creo que va por el camino seguro, Psicología. Ya le falta un año para terminar sus estudios, y no se siente lista. Mira hacia atrás, y piensa que el tiempo se le pasó volando, no puede creer lo grande que está. Se la ve asustada, a veces demasiado. Pero qué puedo decir yo, solo soy un espectador en su vida, un simple autor de hechos diversos. Retomando, la veo con miedo a seguir adelante. Tiene miedo a crecer, a terminar una etapa de su vida, no se siente lista, no cree ser lo suficiente fuerte para afrontar el mundo ella sola. Porque sí, yo la  veo así, y la siento sola. No quiere aceptar la cruda realidad, de que no es la misma, ya no es más aquella chiquita que revoloteaba de acá para allá. Lo peor es que ella lo sabe, lo sabe muy bien, pero como ya dije antes, no quiere ver. Y bueno, yo le deseo lo mejor. Yo sé que ella tarde o temprano va a encontrar su camino, y va a triunfar. Lo único que le digo, es que sea fuerte. Todavía falta mucho que recorrer. Mucho que ver y conocer. Así que dale Valeria, ponete las pilas, secate las lágrimas, y andá, viví la vida, que es corta y larga a la vez.